TARDES ADOLESCENTES

Estaba echada bajo dos álamos muy frondosos que bordeaban el río. Desde allí, el viento los movía de un lado para otro . Se oía el murmullo de sus hojas como si fuera el sonido de  lluvia,  Bshhh…Bshhhh… Tumbada, veía el sol entre las nubes grises, casi negras y cómo un rayo de sol tenue iluminaba de amarillo el paisaje verde y gris que  recordaba a  un cuadro del zagúan de  casa.

Fran estaba a mi lado. Yo me sentía dichosa. Su espalda apoyada en el árbol y sus piernas extendidas, me hacían de cojín  en mi cabeza . Y mientras yo veía desde mi perspectiva, el envés de las hojas moviéndose tapando  los rayos del sol mientras la música del viento sonaba como una orquesta lejana, él  me ponía en mi boca, una vez, una pipa que pelaba con su boca; otra, una almendra. Con gusto de pipa, con gusto de almendra.

Siempre que oigo truenos lejanos,  me vienen a la memoria en una imagen nítida que no  ha llegado a velarse a lo largo de los años , aquellas tardes largas de olor a tierra húmeda y  zumbido de rio vivo .Tardes de verano  felices, donde el tiempo era siempre el mismo, bajo la alameda.

One Response to “TARDES ADOLESCENTES

  • Esto es un comentario que tienes que escribir Sylvia….aquí arriba hay una pastillita de “EDIT”… y borras esto para poner un comentario sobre este artículo… Gonzalo

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