EL FUTURO Y EL MAR

  1. Tres días después en la fiesta de Inauguración del crucero que nos llevaba por el Egeo, había saludado al Capitán y el Comandante. Me encontraba en un barco de nacionalidad italiana y la tripulación mas relevante estaba situada al lado de nuestra mesa. Todos ellos pese a la autoridad que impone su blanco uniforme engalanado eran francamente alegres y simpáticos. Dos de ellos, se acercaron en la sobremesa y se pusieron a bromear con todos nosotros. El viaje prometía ser una delicia dado que los diez que compartíamos mesa curiosamente, no siempre pasa pues abundan los horteras y gente que de nada se puede hablar, nos aveníamos no tan solo por edad sino por acoplamiento de ideas y experiencias que tras la sobremesa nos ibamos contando: las conversaciones eran siempre compartidas en grupo y las risas iban y venían fluyendo como algo natural y no forzado.
    Componíamos la mesa diez personas, cinco parejas con ganas de divertirnos hasta que todavía nos divertieron mas las excentricidades que un mejicano de apariencia seria iba soltando. Casi todos bromeaban con él menos yo que me lo tomé mas en serio que los otros. Nos dijo una noche después de llevar navegando cinco días, que a parte de ser ingeniero ejecutivo en una companía petrolífera de su país, su verdadera vocación era la astrología y que lo confesaba porque estaba muy preocupado por lo que podía estar a punto de ocurrir. Nos dijo que no nos alarmáramos, pero que veía en sus cálculos un peligro inminente que ya había visto antes y que por culpa de su mujer, no había cambiado los pasajes ya que ese mismo viaje no se repetía hasta pasados seis meses.
    Sobre las nueve y media de la noche, cuando volvimos a reunirnos para cenar, el ambiente en el barco estaba enrarecido pero sólo yo
    me di cuenta de ello. Al Oficial de Puente le había cambiado la cara como al Capitán y al resto de la alta tripulación. Cenaron sin apenas abrir la boca y me fijé ya que los tenía mesa con mesa que se habían retirado sin apenas haber tomado el cafe.
    Todo seguía aparentemente igual para todos menos para los que observamos que algo no marcha del todo bien.
    El mejicano empezó a preguntarnos uno a uno los datos de nuestra carta astral, la fecha de nacimiento, hora, y lugar y se retiró a un salon y su ordenador. Quería saber si habían puntos de unión, eso fue lo que nos dijo, ante un acontecimiento imprevisto.
    Nos acostamos como cada noche de una y media a dos después de ver el nefasto espectáculo de baile español y cuando estuve en mi camarote me pregunté por que aquel cambio en la actitud de los jefes de tripulación.
    A la mañana siguiente no había pasado nada, la visita a Rodas fue un éxito y todo parecía ir viento en popa cuando a las seis zarpamos rumbo a Malta. Nos volvimos a encontrar todos para cenar y a mitad del ágape ya no estaba la tripulación que ni siquiera había tenido la cortesía de despedirse con un simple adiós ni de nuestra mesa ni de la otra colindante.
    Al mismo tiempo, el mejicano estaba irritable con su mujer que ella empezaba a reirse para disimular su nerviosismo como una hiena.
    Nos dijo que no iba a suceder ninguna tragedia titánica pero que habría un percance.
    Alea jacta est, la suerte estaba echada y nada podíamos hacer, solo rezar por la pericia del Capitán y el equipamiento del barco.
    Aquella noche nos fuimos a dormir a la misma hora sin romper ninguna rutina ni horario habitual.Ya en el camarote, miré el reloj, las cuatro y doce, no me podía dormir cuando de repente la cama empezó a ladearse. Ví como el colchón subía de un modo que jamás había visto. Fue muy rápido de tiempo pero a mi me parecieron uno de los segundos mas largos de mi vida. Subió todo ladeándose todo pero con mucha lentitud. Me agarré al colchón estaba al borde pero no me caí. Debía ser aquello una ola gigante,pensé. La a sensación no era de fuerza contundente sino mas bien de una fuerza lenta que lo ladeaba todo. Rezé, me cogió mucho miedo y volvi a rezar. Me asome por la escotilla y solo ví espuma blanca del agua. No sonaba ninguna sirena, y esto me tranquilizó pero podía sonar en cualquier momento. Una maniobra de salvamento a aquellas horas de la noche podía ser aterrador con el temporal de fuera. Pero cual fue mi sorpresa que no había temporal. Volví a mirar por la ventana redonda y el mar parecía en calma.A la mañana siguiente todo parecía normal. Como madrugaba mucho fui de las primeras en desayunar y le pregunté al camarero de mi mesa que es lo que había sucedido por la noche-Estabamos advertidos que ibamos a pasar por una serie de olas gigantes de quince metros o mas, podían ser una o mas- me comentó con gravedad-. Por fortuna solo fue una, aquí en el Egeo suceden estas cosas. Acabo de hablar con el Capitán. El peligro ya pasó.

    NOTA:
    Este relato es totalmente cierto, la mayor parte del pasaje ni se enteró porque dormía a esa hora y nuestro barco que iba a una velocidad de crucero de veinticuatro nudos con una burrada de metros entre manga y eslora, con doce ascensores y veinte pisos puede sortear olas gigantes pero nunca se sabe con certeza las coordenadas exactas y dirección exacta que tomarán las olas sino unicamente un margen aproximado de tiempo, la zona y su potencia.
    La pericia del capitán a la hora de encarar una ola de estas dimensiones es la clave de que “Aquí no ha pasado nada…Diviértanse ustedes, señores”

    ¿Qué te ha parecido?

One Response to “EL FUTURO Y EL MAR

  • Sylvia Edo
    2 años ago

    Hola, os presento una colección de Pequeños Relatos de carácter privado que he escrito a lo largo de mis años de carrera, hasta el momento no han sido publicados y aprovecho para enseñarlos públicamente. Espero que os gusten.

    Pd: No olvides darme un LIKE

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