AZUL NOCHE

AZUL NOCHE

Recién salida de la ducha, mientras se estaba secando con el albornoz sonó el teléfono, esta vez oportunamente . Trató de esquivar las dos maletas abiertas que yacían en el suelo ocupando parte de la habitación.

_¿Robert?¡ Qué sorpresa! Mañana  a primera hora me voy  a la casita de la playa…

_Acabo de llegar del aeropuerto y estaré en la ciudad hasta el lunes. Estoy alojado en el Vela. Déjalo todo y ven a verme. Cenaremos juntos.

-No te prometo nada pero no salgas del hotel. Haré todo lo posible por estar ahí.

Ella colgó y se miró satisfecha en el espejo de enfrente al teléfono. Se encontró radiante por un instante. Al verse sus mejillas sonrosadas y tersas y el brillo de sus ojos  le recordó la misma ilusión de los veintidós años. Se encontró joven de repente, libre de responsabilidad como si el disco duro de su vida acabara de iniciarse.

Abrió el armario y le fue fácil elegir. Parecía que aquel día todo los acontecimientos le iban de cara, acababa de leer un sms  de Marta diciéndole que el viaje a LLafranc quedaba pospuesto para la semana que viene. Así que dispondría del fin de semana perfecto para dar rienda suelta a sus deseos. El azar le sonreía y tenía que aprovecharlo , cogerlo a la primera como una gaviota pellizca el mar  pescando en décimas de segundo su presa.

Salío de casa con un vestido escotado, unas sandalias y un bolso grande discreto a juego. Al bajar por el ascensor hacia el garaje notó que le temblaban las piernas y que el nudo en el estómago le empezaba a venir como siempre que iba a encontrarse con alguien que le importaba de verdad. Había pasado casi un mes sin verlo pero a ella le parecía no solo el doble del tiempo real  sino una eternidad maldita. Robert, era un ingeniero de telecomunicaciones que viajaba sin descanso por medio mundo y parte del otro medio. El día que no le escribía un mail, donde le decía que estaba en Banghok  y al otro en Dubai, se sentía mal. Era su droga sexual, anímica que la hacía sentir endorfínicamente viva. Se había puesto para la ocasión una lencería sin estrenar de estilo vintage que seguro que le iba a sorprender. Él adoraba la lencería , las blondas, el negro, los zapatos de tacones de aguja que esa noche no se había puesto pero que guardaba cuidadosamente en una bolsa de felpa verde bajo el asiento delantero del coche y que metería en su bolso junto con unas medias, un ligero y un corsé negro de raso. Imaginaba mientras conducía como la iría lentamente desnudando, sus caricias, su gesto al alzar la copa de vino mientras la miraba fijamente como un desconocido mira a quien cree que ha conquistado.

El calor de la noche de principio de julio junto con la animación de un viernes urbano , sus  lascivos pensamientos ,la música de Shade , bajando por la calle Muntaner  y al fondo la luna llena de color

naranja con el cielo azul oscuro, la hicieron recordar por milésimas de segundo, la tarde en que lo conoció  en Manhattan.  La escena era la misma solo que subiendo en un taxi. Peleándose por cogerlo antes  ella soltó un taco dicho en  catalán y él se puso a reír diciéndole luego que si no hubiera dicho “Cullons” seguramente ni se habrían conocido.

A pesar de su vertiginosa vida, de su poco tiempo para comer, dormir, amar,  aunque pasaran mas de cuatro semanas, aunque pasara en mas de una ocasión un mes, sumisa como una geisha lo esperaba. Aparecía y desaparecía sin avisar pero le compensaba saber que siempre la sorprendería .En mas de una ocasión había anulado compromisos profesionales para verlo. Aquella noche era la primera noche que todo iba de cara. Iba al Hotel Vela recién inaugurado, mañana igual la sorprendía con un pequeño itinerario a bordo de un velero. Pero ella solo quería estar tres días, tres días en una habitación encerrada sin salir por la ciudad. Que el servicio de habitaciones le trajera el desayuno, la comida, la cena. No serían tres días pero serían dos. Su fantasía erótica era esa. Y parecía que estaba a punto de cumplirse. Sintió como su tanga estaba empapado. La vieja canción “Sounds of silent” de Art Garfunkel  sonaba mientras estaba entrando en el parking del último edificio puntero de vanguardia de diseño en su ciudad azul. Cuando entró en el hall le pareció estar en Manhattan.

One Response to “AZUL NOCHE

  • Esto es un comentario que tienes que escribir Sylvia….aquí arriba hay una pastillita de “EDIT”… y borras esto para poner un comentario sobre este artículo… Gonzalo

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